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Selaginella uncinata

Una antigua licófita de reflejos azules que parece musgo o un helecho, pero no lo es.

Selaginellaceae · Licófita · Rastrera y tapizante · Asia oriental

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Nombre científico: Selaginella uncinata

Nombre común: Selaginela o helecho pavo real

Familia: Selaginellaceae

Grupo: Licófitas

Distribución natural: Sur de China y sudeste asiático.

Hábitat: Bosques húmedos subtropicales.

Porte: Rastrero y tapizante (también puede cultivarse como colgante).

Ciclo de vida: Perenne.

Dificultad: Media. ★★★☆☆

Origen e historia natural

Muchas personas confunden a la Selaginella uncinata con un musgo o con un helecho, pero no es ninguna de las dos cosas. Pertenece a un grupo de plantas llamado licófitas, uno de los linajes más antiguos que siguen existiendo en la Tierra. Mientras la mayoría de las plantas que conocemos tienen flores, frutos y semillas, ella continúa reproduciéndose mediante esporas, igual que hacían sus antepasados hace cientos de millones de años.

En la naturaleza crece pegada al suelo de los bosques húmedos del sur de China, donde apenas llega la luz del sol. Allí no necesita hacerse grande para sobrevivir. Poco a poco va extendiendo sus tallos, formando una alfombra que conserva la humedad del suelo. 

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Distribución natural: Sur de China y otras regiones húmedas del este y sudeste asiático.
Ecosistema: Bosques subtropicales húmedos, sotobosques sombreados, taludes y suelos cubiertos de materia orgánica.
Clima: Cálido, húmedo y estable, con precipitaciones frecuentes y pocas oscilaciones bruscas.
Altitud: Desde zonas bajas hasta áreas montañosas húmedas.
Tipo de suelo: Rico en materia orgánica, aireado, constantemente húmedo y nunca completamente seco.
Forma de vida: Rastrera y tapizante, extendiéndose mediante tallos que enraízan al tocar el suelo.
Papel ecológico: Ayuda a conservar la humedad, protege el suelo y crea refugio para pequeños organismos.

La Selaginella uncinata es originaria del sur de China y de otras regiones húmedas del este y sudeste asiático, donde crece en bosques subtropicales protegida bajo la sombra de árboles y arbustos. Allí la luz apenas consigue atravesar el dosel del bosque y el suelo permanece cubierto por una gruesa capa de hojas, ramas y materia orgánica en descomposición. La humedad es alta durante gran parte del año y las temperaturas apenas sufren cambios bruscos, creando un ambiente estable en el que esta especie ha evolucionado durante millones de años.

A diferencia de muchas plantas que buscan alcanzar la luz creciendo hacia arriba, la Selaginella uncinata ha seguido una estrategia completamente distinta. Sus tallos reptan lentamente sobre el suelo, enraizando allí donde encuentran suficiente humedad y formando densas alfombras vegetales. De esta forma consigue colonizar el terreno sin necesidad de competir con árboles o arbustos mucho más altos.

Aunque hoy la conocemos por su característico brillo azul, su historia comenzó mucho antes de que existieran las flores. Pertenece a las licófitas, uno de los grupos de plantas vasculares más antiguos que siguen vivos en la actualidad. Sus antepasados ya habitaban la Tierra hace más de 400 millones de años, cuando el planeta era muy distinto y aún faltaba muchísimo tiempo para que aparecieran las primeras plantas con flores.

Mientras otros grupos evolucionaron desarrollando flores, frutos y semillas, las selaginelas continuaron utilizando una estrategia más antigua basada en las esporas y en la expansión vegetativa de sus tallos. Esto no significa que su sistema sea inferior, sino que sigue siendo adecuado para el ambiente en el que vive. En un suelo húmedo, protegido y estable, no necesita invertir energía en crecer mucho ni en producir estructuras complejas para atraer polinizadores.

Dentro del bosque desempeña un papel discreto pero importante. Sus alfombras ayudan a conservar la humedad, reducen la erosión provocada por la lluvia y crean pequeños refugios para hongos, microorganismos e invertebrados. También forma parte de la capa vegetal que protege el suelo y participa en el reciclaje de la materia orgánica.

La Selaginella uncinata no ha sobrevivido por quedarse inmóvil en el tiempo, sino porque su forma de vivir sigue funcionando. Mientras el mundo cambiaba a su alrededor, encontró un rincón donde su estrategia continuaba siendo eficaz. Ese es uno de sus mayores atractivos: parece una planta pequeña y delicada, pero detrás de ella hay una historia evolutiva larguísima.

Biología y morfología

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Porte: Planta herbácea perenne, de crecimiento rastrero y tapizante. Habitualmente no supera los 10 cm de altura, aunque puede extenderse formando alfombras de varios metros cuadrados en condiciones favorables.

Hojas: Muy pequeñas (microfilos), de forma ovalada y ligeramente curvadas, dispuestas en cuatro filas a lo largo de los tallos. Su color real es verde, pero presentan un intenso brillo azul iridiscente producido por la estructura microscópica de la hoja y no por pigmentos.

Tallos: Finos, flexibles y muy ramificados. Crecen horizontalmente sobre el sustrato y desarrollan raíces en los nudos cuando entran en contacto con una superficie húmeda.

Raíces: Adventicias y superficiales. Se forman a partir de los tallos y permiten que la planta se ancle y continúe expandiéndose.

Flores: No produce flores.

Frutos: No produce frutos.

Semillas / Esporas: No produce semillas. Se reproduce mediante dos tipos de esporas (microsporas y megasporas), una característica conocida como heterosporia.

Ritmo de crecimiento: Moderado cuando dispone de humedad constante, temperaturas cálidas y buena iluminación indirecta. En ambientes secos o fríos su crecimiento disminuye considerablemente.

Esperanza de vida: Perenne. Puede vivir durante muchos años renovando continuamente sus tallos y expandiéndose mientras las condiciones sean favorables.

La Selaginella uncinata no intenta crecer hacia arriba como hacen muchas plantas para competir por la luz. Su estrategia consiste en avanzar lentamente sobre el suelo del bosque, ocupando cada pequeño espacio libre. A medida que sus tallos reptan, producen nuevas raíces en los nudos y continúan creciendo, formando una alfombra cada vez más densa.

Este tipo de crecimiento tiene varias ventajas. Por un lado, permite conservar la humedad alrededor de la propia planta, creando un microclima más estable. Por otro, si una parte de la planta resulta dañada, el resto puede seguir creciendo de forma independiente, ya que muchos de sus tallos son capaces de enraizar y convertirse en nuevas plantas.

Aunque la reproducción mediante esporas forma parte de su ciclo biológico, en la naturaleza y en cultivo gran parte de su expansión se produce gracias al crecimiento vegetativo. Es una estrategia lenta, pero muy eficaz en los bosques húmedos donde evolucionó, permitiéndole colonizar el suelo sin necesidad de producir flores, frutos o semillas.

Su característica más conocida, el brillo azul metálico de sus hojas, no cumple una función completamente comprendida. Los estudios sugieren que podría ayudar a aprovechar mejor la escasa luz que llega al sotobosque, aunque todavía se sigue investigando el papel exacto de esta extraordinaria adaptación.

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